¿Cómo decirle a un hijo que es adoptado?
Una de las cuestiones que más desvela a los padres adoptantes es resolver cómo y cuándo hablar con sus hijos sobre su origen.
¿Hay que decir siempre la verdad o mantener silencio sobre algunos temas que pueden resultar escabrosos? ¿Hay que esperar a su madurez o abordar el tema desde que son pequeños? En este artículo intentaremos poner luz sobre algunas de estas interrogantes.
Dolorosa verdad o mentira piadosa
El derecho a la identidad es uno de los derechos fundamentales del hombre y cualquier intento de manipular o mentir sobre el origen de una persona es una flagrante violación a ese precepto universal. Sin embargo, no siempre quien viola esa norma es alguien despiadado o carente de principios morales.
Muchos padres adoptantes temen que una verdad, generalmente dura y desestabilizante, genere intenso dolor y frustración en esos hijos que tanto aman. Ese miedo suele estar mezclado con el temor, no siempre asumido, de que esos hijos dejen de amarlos al saber que no son sus progenitores biológicos. Y es así, como una “mentira piadosa” termina imponiéndose sobre lo que debió ser el absoluto respeto a un derecho inmanente al ser humano.
Lo que generalmente no tienen en cuenta estos padres piadosos o sobre-protectores, es que, además de negarles a sus hijos el derecho a su identidad, les están abriendo la puerta a dolores aún más intensos, que a veces pueden ser difíciles de superar.
La hora de la verdad
Hablar de la adopción desde la más temprana infancia del hijo, con naturalidad y sencillez, parece ser la alternativa más saludable. Todos conocemos casos de personas que en la adolescencia, o ya llegados a la madurez, se tropezaron, de un modo generalmente casual, con la sorpresiva noticia de que no eran quienes siempre creyeron que eran.
En todos esos casos, el resultado fue doblemente doloroso. A la desazón y la angustia por saberse abandonados por su familia de sangre, se suma la decepción por el engaño de quienes hasta ese momento eran su única y verdadera familia.
Haber vivido la niñez y la adolescencia sumidos en el engaño suele ser el aspecto más irritante que citan quienes se enteran de su origen en la edad adulta. Es también uno de los aspectos de la historia que más les cuesta asimilar y perdonar.
